Carolina Alduvín
Así es, el próximo martes 8 de abril, por Ley y en base a la programación oficial del Consejo Nacional de Elecciones, finaliza el plazo para emitir declaratoria de elecciones primarias. Lo dice el Art. 199 de la Ley Electoral vigente y las Consejeras presidente y secretaria, libran todas las batallas, con las armas a su alcance para cumplir en tiempo y forma. Los conteos avanzan y los medios publican a diario las estadísticas actualizadas, mismas que tienen nervioso al restante, quien parece intentar toda artimaña a su alcance para declarar el proceso fracasado. Ya lo intentó con la complicidad del alto mando militar y los votantes rechazaron heroicamente la maniobra, en contubernio con el usurpador trata de cambiar la narrativa para que se crea lo contrario. Eso, ni ellos lo creen, menos la población cansada de sus promesas incumplidas, de encontrarse en peor situación que hace cuatro años y de sus continuadas ilegalidades.
Todo parece indicar que el incendiario recibió como encomienda de su reina de diamantes; en primer lugar, desestimar el proceso; hacernos creer que el PLR crece, cuando los números demuestran exactamente lo opuesto; destruir a los partidos tradicionales, sin conseguirlo; evitar que el PN acumule el mayor número de votos; evitar que el PL crezca; generar confusión el día de los comicios; evitar que los simpatizantes de los partidos tradicionales voten; que la candidata oficialista obtenga el máximo número de votos; minimizar a las otras Consejeras e impedir la declaración. Algunos de los anteriores los logró parcialmente y a un altísimo costo para su credibilidad, para la de su ama y para su partido; otros, sólo han logrado aumentar la conciencia de los ciudadanos, quienes se manifiestan en forma masiva y persistente a favor de que la declaratoria se haga, las elecciones generales se lleven a cabo y la democracia prevalezca.
La sabiduría popular reza que, si se encarga un mandado a un tonto, el mandado sale idem. Al tipo le sobra arrogancia y la verborrea anodina que padece, no sólo le genera problemas a sí mismo, sino a su reina y al partido. Con el cuestionable y solitario mérito de prender una fogata en la entrada de la embajada de nuestro principal socio comercial, se le nombra en el gabinete y debuta con un proyecto de ley, mal denominado de justicia tributaria que, entre otras fallas y al decir de los expertos, no está diseñada para estimular inversiones nacionales ni extranjeras; por tanto, no va a incentivar la creación de empleos; no va a reducir el costo de la canasta básica, no va a disminuir el costo del transporte; no va a mejorar la distribución de energía eléctrica, ni a cubrir el déficit en generación; no va a elevar el nivel de vida de la población; tampoco va a incrementar las cantidades a recaudar en tributos; no va a mejorar ni a ampliar la infraestructura ni los servicios públicos. ¿Entonces cuál era su utilidad?
Dificultar las actividades económicas, en especial las de los emprendedores; a quienes se aplicarían más y mayores tasas. Elevando consecuentemente los precios de los bienes y servicios producidos y, por ende, el costo de vida, afectando de la manera más dura a los más pobres; a los que por necesidad deben malbaratar bienes no esenciales, emprendimientos que pasarían a ser insostenibles, depósitos en cuentas bancarias a cualquier título. Dado que el secreto pasaría a ser historia, como en cualquier régimen totalitario. Su lenguaje –tan incendiario como su persona— logró revertir los votos favorables que prestaron otros partidos y, el adefesio jurídico quedó en el basurero. En similar forma, otro bocón aseguraba que: la cárcel va porque va” y, factores que no están a merced de su enrevesada dialéctica, lo hicieron naufragar.
Lo mismo ha logrado en su nueva y clave posición al agredir en forma carente de ética a sus pares y subalternas. Al atentar contra la limpieza del proceso encomendado al pretender obstaculizar el cumplimiento de la Ley, que ha jurado ante la bandera y la Constitución respetar. Todo por una lealtad más allá del deber a una fanática admiradora confesa de uno de los peores dictadores de la región en las últimas décadas, del autor de un modelo fracasado a todas luces, que se sostiene en base a mentiras que ni ellos creen. Sus mezquinos y sesgados movimientos buscando el descrédito y hasta la inhabilitación de quienes no comulgan con sus prácticas, no han hecho más que despertar y reiterar la vocación democrática de la ciudadanía honrada, que espera resultados oficiales y habrá declaratoria. El PLR sólo puede ganar las generales con un monumental fraude o quedarse mediante alguna bajeza antidemocrática. No lo vamos a permitir.