YA que aquí en esta columna de opinión –respecto a los últimos alborotos políticos e institucionales que acaparan la encimada atención del amable auditorio, para mantenerlo en un estado de incesante zozobra, agitación y crispación– no hay ánimo de echar más leña al fuego, más bien hacer la ronda para que la amenazante llamarada no incendie la frágil democracia que aún nos queda, continuamos ofreciendo lectura mucho más útil al colectivo, es decir, a aquellos que leen, para no ser vergüenza, como parte del montón. Mensaje de una buena amiga: “Nunca habría imaginado que le gustaría María Dueñas; a mí ¡me encanta! De hecho, la novela es mi género preferido; pero no habría pensado que a usted le gustara”. (Fue uno de los gentiles obsequios –responde Winston– de una ilustrada lectora).
Los 3 arquetipos –asistidos por la IA– en las obras de Jorge Luis Borges: Alter ego: El Borges narrador (en El Aleph, Borges y yo, Funes el memorioso). “Borges se desdobla con frecuencia en el narrador que lleva su nombre, un personaje que reflexiona sobre libros, laberintos, espejos y el infinito”. En “Borges y yo”, el alter ego se manifiesta abiertamente “como una escisión entre el “yo íntimo” y el “yo público-escritor”. Se trata de “una exploración filosófica del yo, de la identidad múltiple y de la fugacidad del sujeto detrás de la obra”. Doble mágico: “Tzinacán, –(en El dios detrás de la reja)– sacerdote indígena encarcelado, logra ver el universo en un instante y lo comprende todo –una iluminación mística”. “Pierre Menard reescribe el Quijote sin copiarlo, como si lo canalizara”. “Asterión (el Minotauro) es también un doble mítico del autor, encerrado en su laberinto de símbolos y soledad”. “El doble mágico revela el misterio, el tiempo cíclico, la iluminación, y a su vez simboliza el poder de la mente y el lenguaje como instrumento de lo sobrenatural”. Bufón sabio: “Funes el memorioso”, aunque parece “un personaje con una deficiencia (incapacidad de olvidar), posee una memoria prodigiosa que lo convierte en un sabio trágico”. Sin excluir a los “personajes marginales que revelan verdades imprevistas, como el cuchillero de El Sur”. “El bufón sabio aparece como un personaje excéntrico o anómalo que, al margen de lo racional, evidencia las limitaciones del conocimiento lógico”. Aunque también hay escritores hondureños como Marcos Carías Reyes, Trópico. La novela aborda la identidad hondureña desde un enfoque mestizo. Doble mágico: “La Sombra del Bananero», “figura alegórica que persigue al protagonista, simbolizando la explotación neocolonial y los espíritus de la tierra agredida”. Bufón sabio: “El Viejo Tabacalero”, un campesino que narra historias con moralejas irónicas sobre la relación entre humanos y naturaleza”. “Aunque no usa mitos específicos, la obra evoca la cosmovisión indígena de respeto a la tierra”.
(¿Y qué decís –entra el Sisimite– de “Mis Tías las Zanatas”? -Me imagino –ironiza Winston– que no te referís a las “tías zanatas” alusivas al FMI y a la “preocupada comunidad internacional”, sino al librito de Marco Antonio Rosa. -Por supuesto –interrumpe el Sisimite– el autor hace uso de esos arquetipos literarios “para enriquecer la narrativa, fusionando la realidad con elementos mágicos y humorísticos que reflejan la cultura y tradiciones hondureñas”. -A ver pues –agarra su pluma Winston– “Marco Antonio, un niño travieso y curioso, es enviado a vivir con sus tías Pulquería, Maclovia y Plácida en Tegucigalpa. A través de sus ojos, se narran las experiencias y aprendizajes durante su convivencia con ellas, reflejando las vivencias del propio autor. El narrador actúa como el alter ego del autor, permitiéndole revivir y compartir sus recuerdos de infancia, explorando temas de disciplina, educación y tradiciones familiares”. “Las tías, conocidas como “las zanatas”, son figuras que combinan la realidad con lo fantástico. Poseen conocimientos y habilidades que parecen trascender lo común, como la preparación de melcochas y otros dulces tradicionales. Su sabiduría y prácticas cotidianas están impregnadas de un misticismo que las convierte en personajes casi mágicos dentro del relato. Representan el “doble mágico” al encarnar la conexión con las tradiciones ancestrales y la transmisión de conocimientos que combinan lo práctico con lo místico”. “Tía Maclovia, utiliza el humor y la ironía para impartir lecciones y corregir comportamientos. Por ejemplo, al enseñar a Marco Antonio a preparar semitas de yema, mezcla enseñanzas culinarias con comentarios jocosos que encierran profundas verdades. Actúa como el “bufón sabio”, empleando el humor para transmitir sabiduría y valores, desafiando las normas establecidas y ofreciendo perspectivas críticas de manera amena”).