Cosas veredes

Por: Guillermo Fiallos A.

La expresión cosas veredes, la hemos escuchado a lo largo de nuestras vidas; sin embargo, su estructura tuvo algunas transformaciones, quedando así: cosas veredes, amigo Sancho. Se ha cultivado el mito, que la misma surgió del libro “El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”. No obstante, en ninguna parte de este, se puede encontrar tal cita.

Según la tradición, esta frase proviene del enunciado: cosas tenedes, que luego fue mutando hasta consolidarse como: cosas veredes. Su origen literario –aparentemente–, se remonta al año 1200 de nuestra era; al escribirse la obra poética anónima: “Cantar del Mío Cid”; cuando en un pasaje de esta, el caballero Rodrigo Díaz de Vivar le comenta al Rey Alfonso VI: “muchos males han venido por los reyes que se ausentan…;” y el monarca contesta: “cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras…”.

Dejando atrás la historia del surgimiento de esta manifestación léxica, es importante definir el significado de la misma. Cada vez que pronunciamos cosas veredes, queremos dar a entender nuestro desconcierto y asombro, por los hechos que ocurren en nuestro entorno y, entonces, equivale a decir: ¡Lo que hay ver! ¡Es increíble! ¡Cuesta creer! ¡No puede ser!

Nuestra amada y sufrida Honduras, desde siglos anteriores, viene escuchando esa frase, pues los acontecimientos que se han vivido, parecen –en muchos casos—, obtenidos de un mundo paralelo de ficción.

En décadas pasadas, la juventud se divertía sanamente sin tanto consumo de alcohol y drogas; ahora, se baña con tequila y se pierde en la bruma de alucinógenos. ¡Cosas veredes, en estos tiempos!

Se respetaban: los valores, a los padres, a los maestros; sin embargo, en este Siglo XXI, los hijos agreden a sus progenitores, alumnos están en permanente desacato hacia sus profesores; y los antivalores, son considerados valores. ¡Es increíble!

Desde el año 2009 a la fecha, hemos experimentado tantos cambios nefastos en la República, que han provocado la desestabilización del sistema de división de poderes. Nos hemos vuelto autómatas –sin capacidad de respuesta–, ante acciones que nos afectan. Se han perdido la ética, las buenas costumbres; y la violación de la ley, es la normativa vigente. ¡Lo que hay que ver!

Estamos observando el derrumbe de tantas realidades que creíamos escritas en piedra y, por ello, eran consideradas verdades absolutas. He aquí algunos ejemplos:

Años atrás, los mezquinos derechistas –idólatras del capital y recelosos de la prosperidad del pobre y de la clase media–, eran los aduladores de los hombres de uniforme. Hoy en día, eso se ha modificado; pues los nuevos y flamantes lisonjeros, son los burgueses izquierdistas, traficantes de y con los pobres, para producir más pobres y, de esta forma, perpetuarse en el poder. ¡Cuesta creer!

Los mentirosos derechistas, de seda y vino tinto, quienes antes se congraciaban con los príncipes de las armas; ahora, los adversan y acusan a su cúpula, de alejarse de la ley; y de ser activistas de un partido político de zurdos de mirra y oropel. Empero, lo inverosímil no termina ahí, pues quienes antes los detestaban y perjuraban su aniquilamiento total y perpetuo; hoy los defienden, exaltan y los convierten en héroes de Marvel; y hasta les juran amor eterno, al referirse a ellos anteponiendo el pronombre posesivo mí. Cual mansos corderitos, civiles izquierdistas se cuadran y dirigen a ellos de forma tal, que parecen miembros subordinados de la tropa: ¡Mi general! ¡No puede ser!

Hay poderes del Estado realizando labores diferentes para las que se les constituyó. Contamos con un Congreso Nacional que, debido al abuso de su ilegal directiva, no convoca a sesiones; pero sí, paga jugosos salarios a quienes no trabajan. Y los congresistas opositores a este descaro ético y económico, ¿por qué no se rebelan y se auto convocan? Parece que, a una buena parte de ellos, ya les gustó estar “peinando la culebra” –como expresaba nuestro recordado y erudito maestro de Historia, don Edmundo Molina—, pues ya se acostumbraron a la haraganería y a recibir, además, de un sueldo que no merecen; los bonos y otras tentaciones monetarias para sus torrejitas y el pescadito seco. ¡Es Increíble!

Tengamos los ojos bien abiertos, pues, seguramente, presenciaremos –en los próximos meses–, sucesos inconcebibles que nos obligarán a expresar: ¡Cosas veredes, compatriotas!

Mercadólogo, Periodista, Abogado, Pedagogo, Teólogo y Escritor

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