Víctor Manuel Ramos
Presidente de la Academia Hondureña de Geografía e Historia
Objetivo:
La independencia del 15 de setiembre de 1821 fue una evasión y la verdadera independencia ocurre con la proclamación del 1º. de julio de 1823.
Resumen:
El 15 de setiembre de 1821, reunidos los notables y nobles en el Real Palacio en la Nueva Guatemala de la Asunción, se celebró una sesión presidida por el Capitán General D. Gabino Gaínza, con el fin anexar a Centroamérica a México o de proclamar la independencia de España del Reino de Guatemala. El evento se proponía adelantarse a los acontecimientos para evitar que el pueblo se lanzara a la lucha por la libertad. Lo dice el Acta redactada por José Cecilio del Valle. El acta mandaba que un Congreso decidiera aceptar o no la independencia. Gabino Gaínza continuó al mando de manera provisional.
Las ideas republicanas habían calado en los patriotas centroamericanos y los nobles temían perder sus canonjías. En la anexión al Imperio Mexicano presidido por D. Agustín de Iturbide vieron su salvación. La caída del Emperador permitió a Centro América separarse de México, proclamar su verdadera independencia, en el seno del Congreso, el 1o. de julio 1823, y fundar las Provincias Unidas del Centro de América. No tardó la Federación en desintegrarse y de la fragmentación surgieron 5 Estados débiles que fueron presa fácil de las potencias dominantes.
Contenido:
Durante las dos primeras décadas del siglo XIX, los intelectuales del Reino de Guatemala siguieron con suprema atención los acontecimientos en el resto de los territorios del Continente Americano bajo el dominio de España. Además, habían llegado las ideas de la Revolución Francesa a través de los textos de los enciclopedistas que eran devorados de manera clandestina y contenían noticias de la revolución de la independencia de las Colonias norteamericanas dependientes de Inglaterra.
Los libros llegaban desde México y Perú y algunos
directamente desde Inglaterra, país que impulsaba los movimientos de liberación de las colonias españolas en América (Raffo, 2022).
Los patriotas del Reino de Guatemala seguían con interés las luchas de Bolívar y San Martín y conocían la guerra que se desarrollaba en la vecindad, en Nueva España, e iniciada con el levantamiento de Miguel Hidalgo y Costilla (16 de septiembre de 1810) en el pueblo de Dolores. Bolívar y algunos jefes insurgentes mexicanos tenían puesta su preocupación en lo que podía pasar en el Reino de Guatemala porque el rumbo que tomara la Capitanía General podría influir en la consolidación de la independencia en sus respectivos países.
El Reino de Guatemala vivía una situación de atraso y precariedad económica y, a raíz de las noticias filtradas sobre las luchas en el resto del Continente entre los más ilustrados, se incubaba el malestar que condujo a algunas insurrecciones independentistas. No puedo dejar de mencionar la inestabilidad en el Istmo porque la metrópoli ejercía un dominio sobre las provincias que les ponía en desventaja comercial (Infante, 2023). Tras largos y acalorados debates, en marzo de 1812, proclamaron en Cádiz la Constitución política de la monarquía española (Zárate, 1880, p. 360). Una constitución desigual que no daba a los americanos la representación proporcional que merecían de acuerdo con la población y que discriminaba a indios y negros. Antes, Napoleón invadió España y obligó al Rey Fernando VII a abdicar a favor del hermano del emperador Francés, de tal manera que España y las provincias americanas quedaron sin rey.
Estos acontecimientos y circunstancias llevaron al despertar de Centro América. “En los años de 1811 y 1812 ocurrieron en San Salvador y en Granada pronunciamientos en pro de la independencia.” (Rosa, 1971, pag. 71). También en Belén, en 1813, en la ciudad de Guatemala.
La explotación minera estaba en precariedad y las arcas del gobierno colonial del Reino de Guatemala en una situación deplorable. En el Reino solamente había una familia, en Guatemala, ligada a la nobleza: los Aycinena. El patriarca de los Aycinena, Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen vino de España a Chiapas y más tarde emigró a Guatemala en donde hizo una fortuna como comerciante y agricultor. Compró el título de Marqués y lo heredó a su hijo Vicente de Aycinena y Carrillo y éste a su hijo Juan José de Aycinena y Piñol. La familia Aycinena era muy poderosa y tenía grandes intereses: era propietaria de grandes haciendas en Guatemala y en El Salvador (Vázquez Olivera, 2021, 147), con tentáculos en la jerarquía de la iglesia, en el ejército y en el poder político. Mariano de Aycinena, luego de la declaración del Plan de Iguala en México, se integró al grupo dirigido por el Capitán General Gabino Gaínza. Ambos tuvieron contactos con Iturbide a través de cartas para promover la anexión de Centro América a México, porque así convenía a los intereses de ambos. La independencia se proclamó condicionada a ser ratificada por el Congreso que debía convocarse para el 1º. de enero de 1822. Gainza con su aliado Mariano de Aycinena no pudieron, el 15 de setiembre de 1821, lograr la anexión a México porque el pueblo en la plaza gritaba Viva la independencia y por la intervención de los republicanos. Aycinera quería la anexión porque el imperio tenía una naturaleza eclesiástica conservadora y además iba a conservar el título de Marques en su familia y tendrían respaldo del Emperador Iturbide. La anexión significaba mantener el statu quo de la Colonia española que proporcionaba a los Aycinena el monopolio del comercio hacia la metrópoli, con grandes desventajas para los criollos y mestizos de las otras provincias del Reino de Guatemala (González Davison, 2008, p. 4-12, 426).
Las provincias con mayor desarrollo eran Guatemala y El Salvador, pero como el gobierno central se ejercía desde Guatemala, los funcionarios y los comerciantes guatemaltecos –fundamentalmente el clan Gainza- imponían sus condiciones al resto del Reino; este asunto condujo a una inconformidad soterrada generalmente y manifiesta en varias ocasiones en contra de la dirigencia que residía en la capital.
Paralelamente en México la guerra por la independencia se había fraccionado en la lucha que dirigían diferentes caudillos, cada quien en una región del virreinato. En estas circunstancias, la situación del dominio español se volvía cada vez más precario. El Virrey acude a Agustín de Iturbide, quien había batallado en contra de los insurgentes, y lo nombra para liderar un poderoso ejército destinado a enfrentar a las huestes independentistas que combatían la región Sur. Fue Matías de Monteagudo quien recomendó ante el nuevo jefe político superior, Juan Ruiz de Apodaca, nombrar a Agustín de Iturbide como coman-dante de los ejércitos del Sur (Zárate, 321 1880, p. 662). El Virrey Apodaca accedió a la propuesta y, el día 15 de noviembre de 1820, Iturbide aceptó el puesto a cambio del grado de brigadier y la asignación del regimiento de Celaya el cual había comandado con anterioridad (Zárate, 1880, pag. 666). El 16 de noviembre de 1820, Agustín de Iturbide partió de Ciudad de México para emprender la campaña contra los insurgentes del Sur. Iturbide se integró al ejército del Rey a muy temprana edad y luego de su regreso a México participó en la guerra contra los insurgentes, des preció el llamado de Hidalgo a unirse a la causa por la libertas y mas tarde derrotó a Morelos. Por denuncias en su contra, fue expulsado del ejército en 1816 (Muñoz Saldaña, 2009; 180).
El caudillo a vencer por parte de Iturbide era el General Vicente Guerrero. Hubo enfrentamientos entre las tropas realistas y algunas formaciones guerreristas sin que Iturbide lograra la victoria, por lo que cambió de estrategia e invitó a Guerrero a dialogar, el 10 de enero de 1821, para unirse en pro de la independencia de México y la fundación de un Imperio. Inicialmente Guerrero se niega a dialogar. Iturbide había elaborado el Plan de Iguala o de las Tres garantías y lo propuso a Guerrero.
Guerrero expresó su desconfianza con la misión de los diputados americanos a las Cortes de España, le expresó a Iturbide que solo se uniría a él y militaría bajo sus órdenes si luchaba por los intereses de la nación, pero no aceptó el indulto, que consideraba degradante, y expresó que no pensaba abrazar el partido del rey (Zárate, 1880, p. 672-673). Lograda la unidad con el General Guerrero, Iturbide, general realista, se pasó a las filas de quienes pugnaban por la independencia. Inicialmente Guerrero se niega a dialogar. Iturbide había elaborado el Plan de Iguala o de las Tres garantías y lo propuso a Guerrero.
En México la opinión de los ciudadanos estaba dividida: unos apoyaban la independencia y estos a su vez separados en dos grupos: quienes pugnaban por una república y quienes aspiraban a fundar un imperio regido por un no-ble de las casas reales europeas, y los otros integrados por los empleados el virreinato, el clero y los nobles pugnaban por mantener el status quo.
Tras el logro de la paz con los insurgentes de Guerrero, Iturbide inició su campaña epistolar para ganar adeptos a su propuesta trigarante proclamada el 24 de febrero de 1831como Plan de Iguala o Plan de las tres garantías: religión católica como única aceptada, unión de todos los habitantes, e independencia de la Nueva España ( Zárate, 1880, p. 672-673). La idea de Iturbide no coincidía con los planteamientos iniciales de la insurgencia encabezados por Hidalgo, pues Iturbide proponía la instauración de un imperio respaldado por el clero, el ejército y los comerciantes y productores, con el olvido de los auténticos insurgentes y la base del pueblo mexicano.
Aquellos acontecimientos, las conjuras y los sucesos verificados en México y en la provincia de Chiapas, de Betlem en Guatemala, el ejemplo de Los Estados Unidos, la influencia magnética de las ideas de la Revolución Francesa, la situación creada en España en 1820 con motivo de las reformas hechas en las Cortes, aceleraron los acontecimientos en el Reino de Guatemala.
Iturbide puso los ojos en el Reino de Guatemala. Consideraba que si Guatemala seguía bajo el dominio español o si declaraba su independencia como Estado republicano
o monárquico constituía un peligro para la consolidación de la independencia de México. La razón: el Reino de Guatemala era pobre y no tenía un ejército capaz de defender su soberanía. Iturbide creía que el Reino de Guatemala independiente o bajo la tutela española constituía una amenaza peligro para la seguridad de México. Eso le condujo a establecer correspondencia con el poderoso Mariano de Aycinena, tío del Marqués de Aycinena, y con el Jefe Político del Reino de Guatemala, el Capitán General Gabino Gaínza. Esta correspondencia logró la adhesión a la anexión de cuatro personajes: Gabino Gaínza, Mariano de Aycinena, el Marqués Juan José de Aycinena y el Arzobispo fray Ramón Casaus. En esa correspondencia, de ida y vuelta, Iturbide proponía la anexión a México, con el argumento de la seguridad que ganaría el Reino de Guatemala respaldado por México y las perspectivas de desarrollo como consecuencia de aceptar ser socios de un país grande y poderoso. Tanto Gaínza como los Aycinena compartían las propuestas de Iturbide: Los Aycinena pretendían conservar sus privilegios de nobles y además conservar el poder paralelo que ejercían por su posición económica y eran proclives al conservador Plan de Iguala. Gaínza, por su parte, había recibido oferta de Iturbide de colocarlo en preponderante cargo de dirección de las tropas mexicanas y sabía que la independencia era inevitable y por tanto estaba con los independentistas para conservar su posición. “Si bien la iniciativa anexionista revistió cierto poder coercitivo –pues el gobierno mexicano cambio sus “insinuaciones” con chantajes y amenazas a las autoridades de la Audiencia-, es un hecho que la “doctrina Iturbide” se abrió su propio camino en aquellas latitudes, antes de que aquellas presiones resultaran determinantes.” (Vásquez Olivera, 2021, pag. 53).
Varias provincias se antiaciparon al 15 de setiembre y pronunciaron su adhesión al Imperio: Chiapas, Honduras y Nicaragua; Quetzaltenango se decantó por la anexión después del 15 de setiembre, en el mes de noviembre. No querían las provincias seguir sometidas a Guatemala por el maltrato que recibían que les impedía realizar sus negocios directamente con la metrópoli española. Cuando se proclama la independencia del 15 de setiembre, la Capitanía General de Guatemala estaba desmembrada.
Así las cosas, el 15 de setiembre de 1821, reunidos los notables de Guatemala, el clero y algunos patriotas en el Real Palacio en la Nueva Guatemala de la Asunción, se proclamó la independencia del Reino de Guatemala, tras un enérgico debate. La proclamación se basó, según el acta, en El día 15 del corriente se acordó lo que sigue: Palacio Nacional de Guatemala, “los deseos de independencia del Gobierno Español, que por escrito y de palabra ha manifestado el pueblo de esta Capital: recibidos por el último correo diversos oficios de los Ayuntamientos Constitucionales de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla, en que comunican haber proclamado y jurado dicha independencia, y excitan a que se haga lo mismo en esta ciudad: siendo positivo, que han circulado iguales oficios a otros Ayuntamientos: determinado de acuerdo con la Exma. Diputación Provincial, que para tratar de asunto tan grave, se reuniese en uno de los salones de este palacio la misma Diputación Provincial, el Ilmo. Señor Arzobispo, los señores individuos que disputasen, la Exma. Audiencia Territorial, el Venerable Señor Deán y Cabildo Eclesiástico, el Excmo. Ayuntamiento, el Muy Ilustre Claustro, el Consulado y Muy Ilustre Colegio de Abogados, los Prelados Regulares, Jefes y funcionarios públicos: congregados todos en el mismo salón: leídos los oficios expresados: discutido y meditado detendidamente el asunto; y oído el clamor de “viva la Independencia”, que repetía lleno de entusiasmo el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, correderos y antesala de este palacio, se acordó por esta Diputación e individuos del Excelentísimo Ayuntamiento: “PRIMERO.- Que siendo la Independencia del Gobierno Español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor Jefe Político, la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían terribles, en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.
El acta, como sabemos, la redactó José Cecilio del Valle, pero no la firmó. Valle era Auditor General de Guerra del gobierno colonial pero luego pasó a integrar las filas republicanas. Gaínza y los Aycinena no pudieron hacer prevalecer su compromiso anexionista con Iturbide, pero lograron someter la validez de la independencia a la ratificación de un Congreso de diputados que debía reunir-se en Guatemala el primero de marzo de 1822. Entre los firmantes del acta estaba Mariano de Aycinena, su sobrino el Marqués Juan José de Aycinena, estuvo presente en la sesión pero no aparece entre los firmantes.
La Independencia no fue recibida con igual entusiasmo en las provincias. Unas la aceptaron y otras la rechazaron. Ejemplo importante es lo ocurrido en Honduras: Comayagua, dirigida por José Gregorio Tinoco, rechazó la independencia, pero Tegucigalpa, el mismo 28 de setiembre de 1821, la ratificó e hizo una celebración popular. A raíz de esta posición discordante de las dos ciudades se hicieron amenazas, sobre todo de Comayagua que dispuso organizar tropas para someter a Tegucigalpa, ciudad que igualmente se organizó para enfrentar a los realistas.