En el Día Internacional de la Mujer, organizaciones feministas hondureñas lanzan un grito de alerta: las políticas públicas no las protegen y las leyes urgentes para garantizar su seguridad siguen estancadas.
Sin embargo, apenas comenzó marzo y ya se contabilizan 48 feminicidios. Detrás de cada cifra hay una historia de violencia, impunidad y desprotección.
Merlin Eguigure, del Movimiento Visitación Padilla, dice que «el problema más grande es que continuamos teniendo violencia criminal feminicida y contra las mujeres. En este momento sumamos ya 48 feminicidios, una cifra sumamente elevada para estar apenas iniciando marzo de 2025», señala Eguigure.
El Congreso Nacional relegó una y otra vez los proyectos de ley que podrían salvar vidas, señalan las defensoras.
Entre ellos, la Ley de Alerta Morada, diseñada para activar protocolos inmediatos en casos de violencia extrema contra las mujeres. Pero el debate político y el inminente proceso electoral silenció su discusión.
«La aprobación de leyes clave como la de violencia política, la de salud en el trabajo y la integral contra todas las formas de violencia hacia las mujeres quedaron en el olvido», lamenta Eguigure.
«Nosotras como organizaciones de mujeres hemos participado en el dictamen de estas leyes, pero con las elecciones internas, todo quedó en pausa. Nos preocupa que no se tomen en cuenta nuestras propuestas», señala.
Para la abogada Delmi Ordóñez, la raíz del problema es estructural. La impunidad es la norma y las mujeres, las principales víctimas.
«Abogamos por cambios profundos, y eso significa reformar las leyes y transformar el sistema de justicia. No podemos seguir permitiendo que la impunidad sea el mensaje que reciben los agresores», enfatiza.
Pero los cambios en el Código Penal siguen sin concretarse. Mientras tanto, los agresores caminan libres y las víctimas solo encuentran justicia en las estadísticas.
El tiempo se agota. Cada día que pasa sin reformas es un día en el que otra mujer puede ser asesinada, otra niña puede ser violentada y otra familia puede quedar destrozada.
Las organizaciones feministas no están pidiendo favores, están exigiendo el cumplimiento de derechos fundamentales.