¿NO CUENTA?

“ESTOY tratando –mensaje del amigo empresario fundador del colectivo– de entender los últimos editoriales”. “Fidelidad, perros, políticos, elecciones próximas, se presta a muchas interpretaciones”. “Lo que sí está claro es que los chuchos van ganando”. La amiga jurista: “Ya casi cumple 100 años de fallecido Hachikō y la lección sigue vigente”. “La lealtad y el agradecimiento siguen siendo valores escasos”. La amiga exfuncionaria: “Vi la película interpretada por Richard Gere”. “La historia me conmovió al punto de llorar”. “Qué bueno que ahondó en el tema”. “La falta de lealtad y la ingratitud, son comportamientos muy comunes en nuestra sociedad, lamentablemente”. La lectora que va en planillas: “Me encantó, y le agradezco; porque en estos últimos días de campaña electoral, especialmente, me he dado cuenta de que realmente no se debe esperar de regreso la misma cantidad de lealtad y agradecimiento (dos virtudes que me caracterizan) de los demás”. “Me regala tranquilidad su editorial de hoy, ya que me hizo recordar, que no todos compartimos los mismos valores y ni debemos esperarlos”. “Cuándo aprendamos esa lección, creo, tendremos paz”. “Uno da lo que tiene en el corazón”.

Las anteriores fueron las historias de un Skye Terrier, llamado Bobby que durante 14 años permaneció en el cementerio, acostado junto a la lápida de su dueño, John Gray, el jardinero que debido a dificultades económicas decidió unirse a la policía de la ciudad como guardia nocturno. Hay una estatua suya que conmemora su devoción y se ha convertido en un ícono de Edimburgo, atrayendo a visitantes de todo el mundo”. La otra es la historia de Hachikō, el perro fiel, que se ha convertido en un símbolo cultural en Japón. Tiene también su monumento. “Cada 8 de abril se celebra un festival en Shibuya para honrar su memoria”. “Hachikō es un ejemplo en las escuelas japonesas de valores como la fidelidad”. “Hachikō trascendió su historia personal para convertirse en un emblema de amor inquebrantable, recordado en el arte, la educación y la cultura popular global”. Pero hay otros relatos parecidos. “Capitán, un mestizo de pastor alemán en Argentina”. “Miguel Guzmán adoptó a Capitán en 2005, convirtiéndose en su compañero inseparable. Sin embargo, en 2006, Guzmán falleció repentinamente”. “Días después del funeral, Capitán desapareció de casa, dejando a su familia desconcertada. Para su sorpresa, lo encontraron viviendo en el cementerio, al lado de la tumba de su dueño”. “La familia intentó llevarlo de vuelta a casa en varias ocasiones, pero él siempre regresaba al cementerio”. “Los cuidadores del lugar dijeron que todas las noches se acostaba sobre la tumba de Guzmán y que nunca se alejaba mucho”. “Vivió así durante más de 12 años hasta su muerte en 2018. Su historia fue tan impactante que la municipalidad de Carlos Paz le rindió homenaje y es considerado un símbolo de fidelidad en Argentina”.

“Fido, raza mestiza, italiano”. “Carlo Soriani encontró a Fido herido en una zanja y lo llevó a casa, cuidándolo hasta su recuperación. Desde entonces, Fido se convirtió en su fiel compañero”. “Todos los días, Fido acompañaba a su dueño a la estación de autobuses cuando iba a trabajar y lo esperaba al regresar. En 1943, durante un bombardeo de la Segunda Guerra Mundial, Soriani murió en su lugar de trabajo”. “Sin embargo, Fido siguió yendo a la estación todos los días a esperar su regreso durante 14 años”. “En 1957, el alcalde de Borgo San Lorenzo honró a Fido con una medalla de oro y se erigió una estatua en su honor con la inscripción “A Fido, ejemplo de lealtad”. Fido falleció en 1958, aún esperando a su dueño. Su estatua sigue siendo un símbolo de lealtad en Italia”.  (¿Recordás –pregunta el Sismite– la perogrullada de Emily Dickinson?: “El perro es mejor que el hombre porque él sabe, pero no cuenta”. –U otro enfoque –responde Winston–lo que platicaba con vos, transcrito en el libro Kairós: -Otra razón de porqué a los animales no nos dieron el don de la palabra. Para no contaminar a la sociedad como lo hacen las lenguas viperinas con sus hirientes falsedades. Digamos, yo ladro para quejarme, para alertar, para espantar, para manifestar contrariedad, alegría o ansiedad, pero como ninguno de esos majes entiende mi lenguaje, a nadie ofendo con lo que sale de mi boca. Esa es la ventaja de ser animal, ni remotamente dañino como esos otros animales).

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