Prof. Dr. Marco Tulio Medina*
San Agustín formuló en el siglo IV la alocución latina de:» fallor ergo sum» o «si, enim fallor, sum» que significa «si me equivoco, luego existo», planteando que el errar es parte de nuestra naturaleza humana.
Esta expresión precede a la del filósofo francés René Descartes quien en 1637 expuso en el Discurso del método: «Je pense, donc je suis», yo pienso luego existo o cogito ergo sum. En ambas aseveraciones reposan mucho de las bases conceptuales de la filosofía occidental.
Un aspecto crucial de la alocución agustiniana, representa que de nuestros errores aprendemos, enfatizando la necesidad de la búsqueda de la verdad. Tal como Sócrates reconocía «Yo solo sé que nada sé», resaltando con ello nuestra ignorancia existencial.
En el proceso humano de errar concita la posibilidad de rectificar, y sobre todo aprender de nuestros fallos, y entender que no somos infalibles. Los fracasos económicos, emocionales o laborales nos brindan la oportunidad de alcanzar el ansiado éxito o la paz espiritual, y tal como lo plantea el cristianismo, el arrepentimiento de nuestros pecados o errores es la modificación de nuestro pensamiento (metanoia en griego) y la decisión de no volver a cometerlos.
A nivel social, se resalta que las sociedades desconocedoras de su propia historia están condenadas a cometer los mismos errores. Nuestras sociedades son frecuentemente engañadas por políticos deshonestos que buscan sólo su bien personal y no el colectivo. Pero intrínsecamente las mismas sociedades fallan al aplaudir «al vivo» que logra sus objetivos sin los méritos necesarios, haciendo trampa, o corrupción, estos antivalores hunden a nuestras sociedades.
En el método científico el paradigma del ensayo y error evalúa una hipótesis, que por definición no necesariamente es verdadera. Múltiples descubrimientos se han logrado usando este abordaje.
La misma naturaleza, tal como lo descubrió Charles Darwin en su obra: El origen de las especies, utiliza un proceso similar, donde las modificaciones de los seres vivientes buscan adaptarse a su ambiente para sobrevivir mediante mutaciones genéticas. Un error en este proceso puede conllevar a la extinción de esa especie tal cómo ha sido confirmado por la arqueología.
En el aforismo «Fallor ergo sum», si me equivoco existo, está la ruta a nuestro crecimiento y redención individual y social.
*Ex-Decano, Facultad de Ciencias Médicas, UNAH <Se editó este mensaje.>